Debemos aprender a desvelar el valor crítico de la integridad

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Michael C. Jensen recibió en mayo el IV Premio “Economics for Management Lecture Series” concedido anualmente por el IESE y la Fundación BBVA. El nuevo modelo de integridad al que el profesor emérito de la Harvard Business School ha dedicado sus treinta últimos años de investigaciones le han hecho merecedor del galardón.

La lección magistral impartida por Jensen tras recibir el premio, “Beyond Agency Theory: The Hidden, and Heretofore inaccessible, Power of Integrity”, tuvo como objetivo desvelar lo que denominó “la invisibilidad de la integridad”. Si vivimos en una sociedad en la que abundan los conflictos de intereses entre personas o entre organizaciones, según Jensen, se debe a la ausencia de integridad en nuestras relaciones. Y el problema principal de esta paradoja que vivimos diariamente es que, por no saber distinguirla, no podemos o no sabemos gestionarla. “Para entender todo aquello que complica nuestras vidas bastaría –afirma Jensen- con mirarnos a un espejo”. Nadie está libre de culpa, la falta de integridad es algo que atañe a todos porque todos tomamos a diario, sin querer, decisiones que son dañinas para nosotros o para nuestro entorno y no parece que estemos decididos a cambiar.

Jensen recordó que el gran error de la sociedad actual ha sido considerar la integridad únicamente como una virtud, es decir, con un enfoque moral o ético. Su modelo, en cambio, incluye la integridad como un factor de producción beneficioso a largo plazo, llegando incluso a afirmar que su incidencia sobre la productividad puede ser de entre un 200 y un 500 por ciento.

 “Percibir la integridad como una virtud hace que una persona, organización o entidad piense que es opcional y por tanto susceptible de ser sacrificada en aras de un beneficio mayor, sin darse cuenta de que el resultado a largo plazo es justo el contrario, la disminución de los beneficios. La integridad es un factor oculto pero crítico. Debemos aprender a desvelar este valor para luego poder incluirlo en los planes de estudio de las escuelas de negocio”.

La integridad no consiste únicamente en cumplir la palabra dada

Jensen explicó que en un objeto o sistema, la integridad se compone de tres elementos: el diseño, la implementación y el uso que se haga del mismo. Si cualquiera de estos tres elementos falla, un objeto o sistema deja de estar completo y pierde su utilidad original. Tampoco, señaló Jensen, son elementos suficientes para alcanzar el éxito porque éste depende de muchos otros factores, pero sin ellos es imposible lograrlo.

El modelo de integridad de Jensen aplicado a una persona se mide por el valor de su palabra, reflejada en sus acciones más que en las propias palabras. Pero no se trata únicamente de cumplir la palabra dada sino también de hacer honor a la misma, que se refleja en saber admitir que no vamos a ser capaces de cumplir algo y tratamos de minimizar las consecuencias negativas de nuestro incumplimiento. En el caso de una plazo de entrega, señala Jensen, hace gala de una mayor integridad la persona que admite no poder cumplirlo y lo aplaza, haciéndolo saber a todas las partes involucradas, que quien oculta el problema y termina no siendo fiel a la palabra dada. Evidentemente, en el primer caso, señala Jensen, se genera un marco de confianza, siempre y cuando no se aplacen continuamente las entregas.

“Hacer honor a nuestra palabra es una manera de decir al mundo lo que queremos ser y la humildad de la persona que aspira a la integridad tiene mucho poder”.

Descubrir en qué consiste la integridad pasa, concluyó el profesor Jensen, por imaginarla como una montaña sin cima que hay que proponerse escalar continuamente.

Fuente: IESE

Fotografía: http://www.flickr.com/photos/glsims99/3508996500/

 

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