La economía necesita una razón ética

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Benedicto XVI, en declaraciones a la prensa en el avión que lo ha trasladado de Roma hasta Madrid, ha hecho un llamamiento a una economía gobernada por principios éticos y al servicio de toda la humanidad.

 

Entre las cuatro preguntas, una me ha llamado especialmente la atención: Europa y el mundo occidental viven una crisis económica profunda, que manifiesta también señales de una grave crisis social y moral, de gran incertidumbre para el futuro, particularmente dolorosa para los jóvenes. ¿Qué mensajes puede ofrecer la Iglesia para dar esperanza y aliento a los jóvenes del mundo?

 

De su respuesta destacaría las siguientes frases:

  1. “la dimensión ética no es una cosa exterior a los problemas económicos, sino una dimensión interior y fundamental”.
  2. “la economía no funciona sólo con una auto-reglamentación mercantil, sino que tiene necesidad de una razón ética para funcionar para el hombre”.
  3. “el hombre debe ponerse en el centro de la economía y la economía no debe medirse según el máximo beneficio, sino según el bien de todos”.
  4. La economía “funciona verdaderamente bien sólo si funciona de una manera humana, en el respeto del otro, en sus diferentes dimensiones: responsabilidad con la propia nación, y no sólo consigno mismo, responsabilidad con el mundo”.
  5. “La nación no está aislada, ni siquiera Europa está aislada, sino que es responsable de toda la humanidad y debe pensar siempre en afrontar los problemas económicos  con esta clave de responsabilidad, en particular con las demás partes del mundo, con las que sufren, tienen sed y hambre, y no tienen futuro”.

 

El texto íntegro de su respuesta es el siguiente:

 

“Se confirma en la crisis actual económica lo que ya se ha visto en la gran crisis precedente: la dimensión ética no es algo exterior a los problemas económicos, sino una dimensión interior y fundamental. La economía no funciona sólo con una auto-reglamentación mercantil, sino que tiene necesidad de una razón ética para funcionar para el hombre. Puede constatarse lo que ya había dicho en su primera encíclica social Juan Pablo II:  el hombre debe ponerse en el centro de la economía y que la economía no debe medirse según el máximo beneficio, sino según el bien de todos e incluye la responsabilidad por el otro, y funciona verdaderamente bien sólo si funciona de una manera humana en el respeto del otro, en sus diferentes dimensiones: responsabilidad con la propia nación, y no sólo consigno mismo, responsabilidad con el mundo. La nación no está aislada, ni siquiera Europa está aislada, sino que es responsable de toda la humanidad y debe pensar siempre en afrontar los problemas económicos  con esta clave de responsabilidad, en particular con las demás partes del mundo, con las que sufren, tienen sed y hambre, y no tienen futuro. Y, por tanto, tercera dimensión de esta responsabilidad es la responsabilidad con el futuro: sabemos que tenemos que proteger nuestro planeta, pero tenemos que proteger el funcionamiento del servicio del trabajo económico para todos y pensar que el mañana es también el hoy. Si los jóvenes de hoy no encuentran perspectivas en su vida también nuestro hoy está equivocado, está mal. Por tanto, la Iglesia con su doctrina social, con su doctrina sobre la responsabilidad ante Dios, abre la capacidad a renunciar al máximo beneficio y a ver en las realidades la dimensión humanística y religiosa, es decir, estamos hechos el uno para el otro y de este modo es posible también abrir caminos, como sucede con el gran número de voluntarios que trabajan en diferentes partes del mundo no para sí, sino para los demás, y encuentran así el sentido de la propia vida. Esto se puede lograr con una educación en los grandes objetivos, como trata de hacer la Iglesia. Esto es fundamental para nuestro futuro.”

 

No es la primera vez que el Santo Padre trata cuestiones sobre la economía, en concreto en 2009 publicó su tercera encíclica con el título “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad), de marcado carácter social, en la que aboga por un nuevo orden financiero que busque el bien común, y en la que afirma que la economía necesita de la ética y que el mercado “no es el lugar de atropello del fuerte sobre el débil”.  De esta manera da continudidad a sus predecesores sobre los temas sociales contenidos en las encíclicas “Populorum progressio”, de 1967, escrita por Pablo VI, y “Sollicitudo rei socialis”, sobre la misma temática, escrita por Juan Pablo II en 1988.

 

Fuentes: texto ínntegro del discurso en Ecclesia Digital

 

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