Para hablar mal, mejor …

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Creo que no me equivoco si digo que todos tenemos en nuestro interior un psicólogo, un economista, un ingeniero, un deportista (frustrado en mi caso), un nobel, … que sale a relucir en cualquier conversación y que es capaz de juzgar y opinar con vehemencia sobre cualquier tema.

Si bien debemos ser sinceros y transparentes, en muchas ocasiones caemos en la murmuración y en la crítica despiadada, retroalimentada incluso por argumentos sólidos. Incluso no hace falta que hablemos, interiormente estamos juzgando constantemente.

Hace tiempo me dieron dos consejos hace tiempo:

“Acostúmbrate a hablar cordialmente de todo y de todos [..] y cuando no sea posible ¡calla!”

“Piensa bien y acertarás”

Con nuestro actuar nos construimos a nosotros mismos, y este “pre-juicio” positivo creo que nos puede ayudar a ver a los demás de otra manera ¿no crees?

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